Carpas para bodas Envuelve a tus invitados en un ambiente especial

Carpas en tierra de meigas

Colocar carpas para una boda en un pazo declarado Bien de Interés Cultural es un reto añadido a nuestro trabajo. Estar a la altura de un entorno que es patrimonio histórico español nos llena de orgullo, nos motiva y nos gusta. Y porque además las chicas de El Sofá Amarillo con Indara a la cabeza, que organizaban el evento para L y G, son unas profesionales exigentes. Marta e Indara hacen, como dice una de sus novias parafraseando a Borges, que “las vísperas del viaje sean una preciosa parte del viaje”.

El estresante y engorroso proceso de planear una boda en un lugar singular se vuelve una aventura fascinante cuando tu wedding planner es El Sofá Amarillo. Y damos fe de que lo mismo pasa desde el lado de los proveedores.

El Pazo de Oca es un pazo señorial de estilo barroco situado en la parroquia de Oca, en el concello de A Estrada, en la provincia de Pontevedra. Actualmente pertenece a los duques de Medinaceli y ocupa 8 hectáreas de un paisaje norteño y muy romántico, perfecto para una boda singular.

El origen del pazo se sitúa en el siglo XIII, aunque los edificios actuales son del XVIII, incluida una iglesia de granito, la de San Antonio de Padua, en la que los novios de esta boda protagonizaron una ceremonia llena de magia enmarcada en un mar de camelias, azaleas, palmeras y rododendros. No en vano el diseñador del jardín que circunda la iglesia fue François Viet, el mismo que diseñó el Campo del Moro en Madrid.

De allí los invitados pasaron a la zona de banquete, a través de un sendero rodeado de ejemplares increíbles de bosque autóctono, como robles, castaños, nogales y abedules. Pero el lugar en el que instalamos la carpa era una avenida de inmensos tilos centenarios que hacían que nuestra carpa pareciera pequeña a su lado. La distancia y situación de los tilos nos hizo trabajar mucho en las medidas adecuadas de la carpa para que, por una vez, sobre nuestro techo, las ramas construyeran otra cubierta vegetal y se fundieran con el entorno.

La música ambiental la ponía el discurrir del agua, que fluye por dos arroyos cercanos. El primero desemboca en una pradera en el límite del pazo, y el segundo forma dos grandes estanques, curiosamente llamados de las Virtudes y de las Vanidades. Por aquello de que las meigas no son ni buenas ni malas, sino todo lo contrario…

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